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JAMIE CULLUM

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JAMIE CULLUM

Mensaje  gizmo el Jue 17 Feb 2011, 16:19



Jamie Cullum es un artista merecedor de diversos adjetivos, pero todo es siempre más complejo de lo que éstos pueden reflejar. Si alguien lo conoce como ‘simplemente’ un músico de jazz o por su modo creativo de hacer versiones de canciones de otros artistas (entre ellas, “High & Dry” de Radiohead o “Frontin’” de Pharrell), entonces está familiarizado únicamente con la punta del iceberg.

En abril del 2003, Jamie Cullum firmó, a sus 23 años, un contrato discográfico con Universal/Verve. Salió en todos los periódicos: ¿cómo este jovenzuelo, un pianista-cantante de Wiltshire, que aún actuaba a la hora de comer en el Soho Pizza Express, era el destinatario de un contrato de un millón de libras de uno de los más famosos sellos de jazz del mundo? Cullum tenía de la noche a la mañana 1.000.000 de libras en el banco. No estaba mal para un chico al que le habían pagado sólo 1.600 libras por sus dos primeros álbumes. Como si fuera por arte de magia, y de la promoción, Jamie Cullum se convertía en la joya del futuro del jazz.



Esa cifra mágica del millón de libras se basaba en la cantidad de dinero que Universal pagaría para ayudar a Cullum a grabar varios discos en los próximos cinco años. En el contexto del jazz representaba una inversión sustancial. La mayoría de los álbumes de jazz se graban en cuestión de días, y por no mucho dinero.

Jamie Cullum solía ser malísimo al piano. Odiaba estudiarlo, no entendía la teoría, no estaba seguro de en qué tonalidad estaba, suspendió los exámenes de cuarto y, después de tres años, lo dejó. Tenía once años. Pero a su alrededor todo era música. Antes de nacer Jamie, su padre dirigía un grupo de música, The Impacts. Con su madre como cantante, su padre a la guitarra rítmica, un tío como guitarra solista y el abuelo al saxo, recorrían los pubs locales tocando Burt Bacharach, los Beatles y pop de los años sesenta. "No era un grupo para hacerse famoso", dice Cullum.

Unos años más tarde, después de que los Cullum se mudaran de Essex a Wiltshire, a su hermano mayor Ben, presa del entusiasmo por el grunge y el heavy metal, le regalaron una guitarra eléctrica cuando cumplió trece años. En un año había aprendido solo a tocar mágicos y vigorosos riffs y poderosos acordes con la guitarra. El joven Jamie compartió el entusiasmo de Ben por Nirvana y Soundgarden. Pronto los dos hermanos estuvieron enamorados de las guitarras. Aprendieron solos algunas de las bases del blues y estudiaron a los maestros modernos de la guitarra. Jamie Cullum dio sólo una clase de guitarra. Le enseñaron a tocar el tema de Deliverance, y se habló de que la próxima clase sería Heartbreak Hotel. No quedó muy impresionado. "¡Yo sólo quería aprender a tocar el solo de Eddie Van Halen de Thriller!”.

Su tío los introdujo a la bossa nova, pero más que la música misma, lo que más les gustaba eran los acordes. Luego encontraron en casa un disco de Oscar Peterson. Y luego uno de Miles Davis. Y luego más músicos de jazz. Naturalmente, Cullum volvió a tocar el piano.

"Los tipos del jazz en aquellos elepés eran tíos majos con traje que eran buenos intérpretes. La iconografía también me atrajo. Por entonces, siendo un quinceañero, estaba leyendo Kerouac y Hemingway. Sí, era un poco demasiado precoz, probando cosas un poco fuertes", sonríe Cullum con este recuerdo de su adolescencia. "¡Estoy al día, créeme! ¡Puedo fumar cigarrillos!". Empezó a leer sobre las noches en la Calle 42 de Nueva York en los años cincuenta, con los músicos y los clientes saltando de club en club hasta las seis de la mañana. Pero también estaba empezando a conocer a Portishead y Roni Size, y tocaba los teclados en grupos de instituto que estaban locos por la percusión y los bajos y el trip hop.

Su amor por el jazz era cada vez más profundo. Estaba claro que sabía que los adolescentes del Wiltshire rural no iban a interesarse realmente por el jazz. ¿Y cuándo surgió el club de jazz The Fast Show? "¡Me pareció desternillante! Porque estaba totalmente de acuerdo con él. Pero aunque el mundo de los aficionados pudiera ser una cosa así, descubrí que el mundo real del circuito de jazz profesional no era eso en absoluto”.

Después de la reválida, Cullum empezó a tocar en serio en el circuito de jazz de Wiltshire. Andaba con músicos de sesenta y setenta años, "y fueron los tipos más majos, más duros y más sinvergüenzas que he conocido nunca. Fue una época divertida". A los viejos profesionales les gustaba el entusiasmo de este mozalbete y el hecho de que a menudo no supiera qué acorde había de tocar. "Aprendí mi oficio no en la clase, sino en los escenarios. En el jazz se valora mucho la perfección técnica sobre cualquier otra cosa.

Pero aunque yo quería ser técnicamente bueno y seguía esforzándome por conseguirlo, no era a lo que yo aspiraba”.

Cullum fue a la Universidad de Reading a estudiar Cine y Literatura Inglesa. Empezó a componer y a tocar su propia música para acompañar los cortos que hacía como parte de su curso. Seguía dando conciertos y una tarde grabó un disco, Hear It All Before. Vendió 700 copias a diez libras cada una en los conciertos. Invirtió el dinero y lo que le quedó de su préstamo estudiantil en hacer otro álbum, Pointless Nostalgic. El corte principal era una canción de su hermano: Cullum sentía que se lo debía, una réplica a la gente que esperaba que sería esclavo de Sinatra, los años cincuenta, las big bands y el pelo lacio peinado hacia atrás. No lo era. Jamie Cullum tenía el corte de pelo de estudiante indie que le correspondía.



El álbum también incluía una canción de Jamie Cullum titulada "I Want To Be A Pop Star" (Quiero ser una estrella del pop). Fue escrita en la época de Pop Idol, y reflejaba la frustración de Cullum por la facilidad con la que esas jóvenes se convertían en estrellas de la noche a la mañana. Pointless Nostalgic incluía una versión jazzística de High and Dry de Radiohead.

"High and Dry"



"La recuerdo de mi infancia. Crecí con ella. Para mí es un clásico. Igual que Wind Cries Mary [de Jimi Hendrix]. La he tocado en la guitarra desde que tenía doce años. Pensé que la melodía sonaría de maravilla al piano. Alguien en mi página web pensó que debería hacer Hotel Yorba. Me encantan The White Stripes, pero es un poco demasiado pronto. Pensé que sonaría un poco demasiado forzado”.

"Wind Cries Mary"



Pointless Nostalgic se publicó en un sello de jazz pequeño, Candid. Y luego, después de todo ese tiempo ganando experiencia, Universal se mostró interesada. Después de ocho años de trabajo duro, Jamie Cullum estaba a punto de convertirse en un éxito fulgurante.

En el 2004, se convirtió en el nuevo joven prodigio británico, en el responsable de que el jazz volviese a las listas de discos más vendidos, el hombre al que hubo que agradecerle que muchos jóvenes (y no tan jóvenes) se interesasen por el jazz. Y es que, aunque esto enfureciera a los puristas, Twentysomething era un gran álbum de jazz, un trabajo cuya escucha no podía ser más placentera y agradable, un regalo para los amantes del estilo que popularizaron maestros como Louis Armstrong , Duke Ellington o Miles Davis.



Jamie Cullum no es ni un gran compositor, ni un virtuoso del piano, ni tiene una de esas voces legendarias que han hecho soñar a generaciones enteras. No obstante, su sabio aprovechamiento de sus conocimientos como compositor, intérprete y cantante, así como su apabullante personalidad, le permitieron dar con unos temas del todo convincentes, agradando con sus temas propios y sorprendiendo (cuando no deslumbrando) a la hora de versionar clásicos estadounidenses conocidísimos.

Por de pronto, aunque sus composiciones (These are the days y Twentysomething eran las más destacadas) no pasarán a la historia del jazz, eran simpáticas, en la mejor tradición del jazz clásico, y contaban con unas letras muy inteligentes y notablemente interesantes. Cullum se echaba buena parte de los problemas e inquietudes de su generación a sus espaldas y nos ofrecía unos retratos con los que podíamos identificarnos fácilmente. No obstante, lo más suculento llegaba con las muchas versiones incluídas en Twentysomething. El joven británico se atrevía con clásicos inmortales como I get a kick out of you, de Cole Porter, además de piezas adorables, como What a difference a day made o "Singin’ in the rain", imprimiéndoles a todos su fuerte personalidad. Este último tema, versionado en clave pop, le daba al original otro espíritu, una nueva lectura, convirtiéndose en uno de los momentos más logrados del álbum. Y por si esto fuera poco, Jamie Cullum nos deleitaba con reinterpretaciones de temas pop, dándoles en este caso un cierto barniz jazzístico. Destacables son el Wind cries mary de Hendrix y el High and dry de Radiohead, dos temas que seguramente convencerán a los seguidores tanto del guitarrista como del grupo inglés.

"These are the Days"



"Twentysomething"



"I Get a Kick out of You"



"What a Difference a Day Made"





Los mismos ingredientes con los que cautivó a millones de oyentes en Twentysomething se volvieron a dar cita en su tercer álbum de estudio, Catching Tales: una voz personal que hacía olvidar sus evidentes limitaciones, unas composiciones cada vez más convincentes, unas letras sumamente interesantes y unas versiones muy logradas. Catching Tales era, por tanto, además de un candidato a repetir el enorme éxito comercial del anterior trabajo del británico, otro buen álbum que agradaría a los seguidores de Cullum. No obstante, si Twentysomething era un álbum de jazz (esta es una opinión que no todos comparten pero que es fácil de apoyar), este nuevo disco, a pesar del sabor a jazz vocal clásico de ciertos temas, se movía en parámetros mucho más cercanos al pop y al rock, al soft- rock concretamente, destapándonos a un Jamie Cullum especialmente dotado para las baladas.

Por otra parte, dada la seguridad que le debió dar la buena acogida de sus composiciones, en Catching Tales incluía muchos más temas escritos por él, todos muy interesantes y algunos sorprendentemente brillantes. Cortes como "London skies", Photograph (preciosa y original balada sin un ápice de sentimentalismo y con los suficientes cambios como para resultar variada) y "Nothing I do" (de los tres, el único que puede considerarse jazz), deberían hacer de Cullum uno de los cantautores más apreciados del jazz contemporáneo, capaz de sacarle un insospechado partido a melodías sencillas pero innegablemente bellas y siendo siempre original a la hora de escribir las letras. Si bien el apartado de versiones, mucho menos importante aquí que en Twentysomething, no resultaba tan convincente como en el británico solía ser habitual, resultaba una grata novedad el comprobar su acercamiento a la electrónica, algo que tenía su principal reflejo en el tema inicial, el simpático (y difícil de olvidar) Get your way, en el que había colaborado con Dan The Automator. No era lo mejor del álbum, ni mucho menos, pero abría nuevas posibilidades que podría desarrollar con mayor acierto en próximos álbumes.

"Photograph"



"Get Your Way"



Con su siguiente álbum,In the mind of Jamie Cullum, su propósito era ilustrar musicalmente la frase con la que presentaba la compilación: “hago jazz porque puedes dirigir tu creación por diferentes caminos para llegar a diferentes sitios. Puedes amar la música dance, el rock, el pop, la música clásica, el funk… etc”. Una frase que, sin duda, también podía aplicarse a su música, aunque en ese caso habría que resaltar sobre todo lo de jazz y pop, porque no es que el rock, el funk y aún menos la música clásica estén muy presentes en sus composiciones. En cualquier caso, lograba su objetivo, aunque fuera a costa de una selección a base de “ey, mirad qué abierto soy, me gusta el rap y también la polifonía”. Pero bueno, era loable su esfuerzo por ser ecléctico, por conciliar estilos muy diversos sin que el conjunto perdiera todo atisbo de cohesión. Por otra parte, aunque lo del buen gusto es relativo, si consideramos que tener buen gusto es seleccionar un tema bueno tras otro, está claro que Jamie Cullum lo tiene, de modo que es un placer escuchar In the mind of Jamie Cullum. Además, como regalito para sus seguidores, incluía dos temas propios inéditos, el primero de ellos, I’d probably do it again, muy interesante.



The Pursuit (La búsqueda), su sexto álbum y su primer disco nuevo como solista en cuatro años, se encuentra compendiado en su título, tomado de la novela clásica de Nancy Mitford, The Pursuit of Love (La búsqueda del amor). “En la vida perseguimos todo. La vida es una larga búsqueda”, dice Jamie, y el álbum es justamente una búsqueda de ese tipo: una combinación de sus eclécticos gustos musicales y su imperecedero amor por el jazz y sus estándares atemporales.

El álbum mezcla su herencia con una selección de influencias modernas. Al describir su sonido, se podría decir que pasa de Cole Porter a Rhianna y a Aphex Twin en la misma frase. Jamie es un intérprete capaz de ofrecer sorpresas con un tono lo bastante elástico como para mostrar una canción acústica con un ritmo sencillo y un estándar de jazz suntuosamente grabado.

La preparación de The Pursuit, su último álbum hasta el momento, fue un maratón, no un sprint. Después de decidir tomarse algún tiempo libre tras dos años de gira con Catching Tales, de 2005, y de la avalancha de cobertura por parte de la prensa que siguió al álbum anterior, Twentysomething, de 2004, Jamie se dedicó a otros proyectos. “Me tomé un año entero libre”, dice, “toqué en los grupos de otra gente y trabajé con otros artistas, hice de DJ, compuse música de baile con mi hermano y viajé”. También encontró tiempo para construir su propio estudio, Terrified Studios (Estudios Aterrorizados), en Shepherd’s Bush, en Londres: “Lo llamo así porque sé tan poco de tecnología que cuando entro allí normalmente estoy aterrorizado”, dice Jamie riéndose.

Todas las canciones de The Pursuit vieron la luz en los Terrified Studios y en la cocina de Jamie antes de que la grabación se trasladara a Los Ángeles durante tres meses en el verano de 2008. Aunque el trabajo allí con el productor y colaborador desde hace años Greg Wells demostró ser productivo, parte del trabajo de la cocina de Jamie se incorporó al producto final. “Nos dimos cuenta de que había algunas cosas que no podíamos recrear en ningún estudio”, revela Jamie. “Hay un solo de Rhodes en “We Run Things” que toqué en dos órganos diferentes en Los Ángeles pero, al final, utilizamos la interpretación que grabé en mi pequeña cocina de Londres”.

Grabar en Los Ángeles significó cambiar las técnicas y las rutinas que Jamie había desarrollado en sus discos anteriores. “No quería hacer este álbum con mi antigua banda o mi antiguo productor”, dice, “sino que necesitaba aterrorizarme a mí mismo”. Aunque muchas de las canciones fueron montadas por Greg y Jamie en el estudio, una selección de amigos estelares contribuyeron con su musicalidad. Los miembros de la banda de Beck se unieron a las sesiones, mientras que también aparece la sección de metal de Michael Jackson en Thriller. “Salir de tu espacio habitual es un verdadero cliché para tu tercer o cuarto álbum”, dice Jamie sinceramente, “pero lo cierto es que realmente funcionó”.

En el otoño de 2008, Jamie tenía un disco terminado y estaba preparado para presentarlo a su sello discográfico cuando hizo su aparición la absoluta singularidad de su carrera. Se produjo de nuevo una llamada de Clint Eastwood. Los dos habían conectado por medio de Kyle, el hijo de Clint, también músico de jazz, y Jamie acabó contribuyendo a la banda sonora compuesta por Clint de la película de John Cusack de 2007 La vida sin Grace. Ahora había vuelto con otro encargo.

“Me pidió que tocara en el Festival de Jazz de Monterrey. Le encantó la actuación y después del concierto me tiró el guión de Gran Torino y me dijo: ‘Quiero que escribas música para esto’”. Jamie acabó grabando la canción en casa de Eastwood y la película volvió a montarse en torno a ella con una banda sonora basada en su tema. Es el tipo de extraña pareja que sólo se encuentra en las películas, pero Eastwood y Cullum terminaron siendo amigos: “Acabamos hablando de chicas y bebiendo cerveza”, dice Jamie riéndose.
“Gran Torino” (la canción), con música de Clint Eastwood y Jamie y letra sólo de Jamie, fue nominada a un Globo de Oro. Jamie se vio envuelto en un remolino de entrevistas y apariciones en prensa para promocionar la película. Todo el tiempo estaba haciendo acopio de ideas e inspiración para nuevas canciones. Parecía que, después de todo, el disco podría no acabarse nunca”.

"Gran Torino"



“Tenía más canciones y nuevas experiencias de las que valerme”, dice Jamie. “Había estado haciendo la versión de Rhianna y pensé que la verdad es que quería tener esto en mi disco. Quería hacer referencia a otras de mis influencias musicales contemporáneas”, dice Jamie. Aunque su afán de descubrir bandas asociado a su amor por la música ha estado presente en todo momento, The Pursuit es el primer disco donde ha dado rienda suelta a estos impulsos.

“Las personas que me hayan visto actuar en vivo y lean las cosas que he escrito ya sabrán que tengo un gusto muy ecléctico”, dice. “Pero la persona normal pensará simplemente en “What A Difference A Day Made”. De todas formas, nunca he tenido un problema con eso. Cantar una canción como ésa y hacerlo bien es una de las cosas más difíciles que puedes hacer”.

Diez años después de su primer disco, publicado por él mismo, Heard It All Before, Jamie sigue aún buscando (aquí asoma de nuevo ese tema) nuevos sonidos y nuevas ideas en su música. “Hemos tenido recientemente un montón de músicos que han llegado ya plenamente formados, como Alex Turner o Jamie T. Sabían cómo querían sonar y lo dijeron de inmediato. Cuando hice mi primer disco, era como andar a tientas, algo que poder vender en mis conciertos en las bodas”.

“Creo que me he situado cerca de darme cuenta plenamente de cómo debería ser en este disco. Cuando tenía diecinueve años no sabía quién quería ser”, continúa. Hacerse mayor le ha hecho incluso cuestionarse si debería volver a tocar su primer gran éxito, Twentysomething. “Hay una parte de la canción que dice: ‘Tengo veintitantos, déjame solo’, y voy a dejar de tenerlos pronto”, revela. Jamie va a cumplir 30 este año. Pero aún puede que encuentre una salida: “Podría ser un gran truco cambiar la letra”, reflexiona en voz alta.

Aunque dice que ha vivido sus “años de veinteañero a tope”, en los últimos años los altibajos de su vida personal y profesionalmente han espoleado un impulso creativo aun más poderoso. Su felicidad personal (documentada exhaustiva y a menudo imprecisamente en los tabloides) se encuentra en el centro de una de las canciones más importantes del disco: “Love Ain’t Gonna Let You Down”. “No he escrito nunca antes una canción de amor que no contuviera un chiste”, admite Jamie, “Las únicas canciones de amor puras que he cantado hasta ahora han sido las de George Gershwin”.

“Love Ain’t Gonna Let You Down” es también la canción que enlaza el tema recurrente del álbum en la letra “la búsqueda del amor nos consume a todos”. Pero, para Jamie, el amor que documenta no es sólo el romántico que obsesiona a los periódicos sensacionalistas, sino un amor por la música que brilla en cada una de las canciones. The Pursuit es un álbum que comienza con una canción en la que figura la Orquesta de Count Basie grabada en vivo en el estudio de Tony Bennett en Nueva York y termina con una canción dance y un estándar de jazz combinados con ritmos de trip-hop. Lo mejor para hacerse una idea del disco es leer la descripción de cada corte realizada por el propio Jamie Cullum:

Just One Of Those Things: Esta canción trata sencillamente de una relación de una noche. Es una antigua canción de Cole Porter, pero le he escrito una nueva introducción. Escribí la parte solista de piano y la parte vocal al comienzo, que trata de despertarse y preguntarse quién demonios está a tu lado en la cama. Hace falta mucho valor para reescribir un trozo de Cole Porter y estoy seguro de que habrá críticos de jazz que querrán matarme. La canción se grabó en directo en el escenario con la Orquesta de Count Basie en Nueva Jersey. Teníamos líneas que bajaban por la calle hasta el estudio de Tony Bennett. El arreglo propiamente dicho fue realizado por Frank Foster, que trabajó con Count Basie. Lo llamé y dos días después llegó este arreglo increíble.

I’m All Over It: Quería escribir una canción pop breve, animada, al estilo del Elton John de los años 70, metiéndole un poco de Ben Folds. Rompía con alguien y conocía al amor de mi vida, así que es una canción de ruptura sobre sentirse destrozado y luego vivir ese momento en el que cambias el chip y te das cuenta de que estás bien. Es un ejemplo de letras mías que parecen tener sentido, pero no necesariamente cuando las pruebas y las coges aparte. Es la canción más animada y pegadiza que he hecho nunca y la escribí en 90 minutos.



Wheels: Iba conduciendo un día de enero cuando estaba empezando a estallar la crisis económica y el tiempo era horroroso. Se me ocurrió esta frase: “Las ruedas están haciendo caer al mundo”. La escribí y la verdad es que no hice nada con ella. Luego un amigo me trajo a su hijo de cuatro años y me enseñó un ejercicio que te enseñan cuando empiezas a aprender a tocar el piano: pasar rodando tus nudillos por las teclas negras. De repente, todo se conectó en mi cabeza. Esta canción utiliza las mismas notas y construcción que me enseñó el niño de cuatro años. Trata de la claridad que consigues cuando estás borracho y de marcha por la ciudad y habla de intentar recuperar eso cuando estás sobrio.

If I Ruled The World: No estaba familiarizado con el musical del que procede esta canción (Pickwick) y muchísima gente recordará la versión de Harry Secombe, pero yo sólo había oído la que hizo Tony Bennett. Para mí, la letra es lo fundamental. Es una letra increíble, como las de The Beatles o Paul Simon. Quería que la música sonara como un funeral. Es una canción positiva líricamente, pero yo quería darle la vuelta por completo. Contó con una producción etérea, al estilo de Portishead.

You And Me Are Gone: Es una canción en la que dejé fluir la conciencia. Estaba con mi banda en el estudio y escribí la letra mientras estábamos tocando. Luego fui a Los Ángeles y estaba en Sunset Sounds, el estudio donde grabaron Led Zeppelin I, II y III cuando el ingeniero dijo: ‘¿Sabéis qué otra cosa se grabó aquí? ¡El Libro de la Selva!’. En ese momento supe cómo quería que sonara la canción. Le pusimos ese toque de Louis Prima, de El Libro de la Selva. Tiene un doble significado: tú y yo nos hemos ido y estamos tan enamorados, y tú y yo hemos acabado.

Love Ain’t Gonna Let You Down: Es una canción de amor sin tapujos y probablemente la primera que he escrito que no contiene un chiste. Creo que podría durar realmente. Conectará con la gente si alguna vez se han enamorado y querían decirle a esa persona: ‘Las cosas no van a ir mal, así es como va a ser’. Es casi una súplica a uno mismo para no fastidiar las cosas.



Please Don’t Stop The Music: Hay una verdadera ciencia al elegir canciones para versionarlas. Cuando hice “High And Dry” y “Frontin’” no era tan habitual. Pero hacer versiones ha constituido siempre una parte de mi ADN como músico de jazz. A menudo pienso en una melodía para hacerla y algún otro la coge antes. Iba a hacer “Every Heartbeat” de Robyn, pero la hicieron Girls Aloud para la Radio Uno de la BBC. Pensé que alguien era realmente inteligente. Hice “Umbrella” el día después de que se publicara, pero al poco tiempo ya estaba haciéndola todo el mundo. Con “Please Don’t Stop The Music”, es la letra la que me prendió. Es una letra tan sexy… Y fui capaz de transformar la canción en algo que sonaba realmente nuevo.



Mixtape: He estado presentándola en escena como una canción disco sobre la muerte de la industria musical. Es una canción de amor para el entusiasta de la música que hay en mí. El gran gesto romántico de los viejos tiempos solía ser grabar una casete a una chica. Yo decidí que el gran gesto romántico moderno sería bajar del ático el magnetófono y salir y encontrar una Maxell C90 y grabar una casete. Ahora es incluso más romántico debido al rebobinado tecnológico que tienes que hacer.

I Think, I Love: Ésta sí que es una canción de amor con un chiste dentro. Trata de lo indecisos que pueden ser los hombres, de ese momento en el que no te puedes aclarar con tus sentimientos. Se grabó en un piano vertical con el pedal de ensayo bajado de modo que, de entrada, suena realmente suave. Durante la mitad del corte parece la cosa más barata que has oído nunca, pero luego entra la orquesta. Está escrita en un estilo Cole Porter realmente pasado de moda, pero con una letra que la hace completamente contemporánea.

We Run Things: Escribí esto con mi hermano y mi vecino KG, que es un productor de hip-hop que trabajó en muchas de las primeras canciones de All Saints. Es una canción muy sincopada. La escribimos una tarde en casa de KG. Es una letra muy sombría. Esencialmente, es una especie de canción que dice: ‘no folles conmigo, no jodas las cosas’.

Not While I’m Around: Es una canción de Sweeney Todd que siempre me ha encantado. Cogí el ritmo de la percusión de ‘Teardrop’ de Massive Attack y por encima toqué una canción de Stephen Sondheim.

Music Is Through: Hace un par de años, empecé a trabajar en música dance con mi hermano. Escribimos más o menos seis canciones para tocarlas sobre ritmos house con él en el bajo y yo tocando los teclados y cantando por encima. Esto es algo que escribimos para el proyecto en el que trabajé con la idea de hacerlo encajar con mi sonido. Está tocada en un piano vertical y un bajo vertical. Es una canción house con un ritmo sencillo, casi un tipo de canción acústica de sonido Ibiza.

Recopilado de la web

Discografía

Heart It All Before (1999)

Pointless Nostalgic (2002)

Twentysomething (2004)

Catching Tales (2005)

In The Mind Of Jamie Cullum (2007)

The Pursuit (2009)

Enlaces de interés

Web oficial

Myspace Jamie Cullum

Para escucharlo en Spotify: http://open.spotify.com/artist/3XxxEq6BREC57nCWXbQZ7o

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